Llevaba mucho tiempo esperando a que Darren Aronofsky filmara una película para ayudarme a entender y darle sentido a su filmografía en su totalidad. Black Swan no es sólamente la película que lo ha encumbrado con los más grandes directores de esta generación, sino que también ha dado sentido al conjunto de su obra, que aunque es de gran complejidad en si misma, parece tener bastantes elementos en común y recurrir a sus temas predilectos de la psique y alma humana. La primera película de Aronofsky, un neoyorkino graduado en dirección de cine en Harvard, fue Pi. Trata sobre Max, un matemático judío con terribles jaquecas y paranoias que intenta encontrar el numero completo de Pi. Película en blanco y negro, bastante perturbante y estridente. Muestra desde ese momento las buenas maneras de dirección y guión de Aronofsky y deja al espectador con un sabor de boca extraño al salir del cine.
Su siguiente película es la que lo hace saltar a la fama. Requiem por un sueño, película del 2000, es una historia de cuatro personas que tienen experiencias diferentes con las drogas. Otra pieza inquietante y llena de tristeza donde Aronofsky describe la forma en que sus personajes luchan por salir adelante, sin éxito, y sin duda con finales trágicos. Me gustó particularmente la historia de la madre que se ve envuelta en una adicción a pastillas para la dieta. Bien dirigida, con un montaje entretenido y manejo de cámara nervioso y poco iluminado.
No he visto La fuente de la vida que fue su película de 2006 pero si El Luchador en 2008 donde Aronofsky ofrece a Mickey Rourke un papel para su redención personal y artística similar a la de su personaje en la película. Una vieja gloria de la lucha libre norteamericana que está en decadencia y lucha por seguir adelante día a día frente a su vida, su hija, su reputación, orgullo y su adicción a los esteroides, analgésicos y cocaína. Otra historia triste de decadencia pero no muy memorable como película. Lo que si tiene es la firma especial de los temas favoritos de Aronofsky y la gran actuación de Marisa Tomei como siempre. El Oscar de Rourke a mi entender es uno de esos premio que tanto gustan a Hollywood: no muy merecido pero si muy sentimental.
Finalmente está Black Swan que seguramente es su mejor obra hasta el momento y merecida ganadora de lo premios recibidos. Una película compleja y bien narrada. Un Dr. Jekyll y Mr. Hyde con final trágico pero esta vez el camino es muy diferente. En Black Swan, Nina Sayers (Natalie Portman) es nombrada protagonista del ballet del Lago de los Cisnes de Tchaikovsky y tiene que ejecutar su papel a la perfección para poder estar a la altura de la obra, de los personajes de la obra, de su director, su madre ex-bailarina y del exigente público del Lincoln Center en Nueva York. Nina lucha para llegar arriba y su caída es grande y terrible ya que cae desde lo más alto.
Aronofsky se mete muy en profundidad en la vida de las bailarinas profesionales y nos muestra su esfuerzo, disciplina, sufrimiento y sacrificio. Una obra maestra que habla del arte dentro del arte y que requiere de todo un viaje de conocimiento y una filmografía como la de Aronofsky, llena de conflictos, sentimientos e introspección para poder llegar hasta aquí.
No son historias de triunfadores ni de triunfos; cuenta historias de personas en decadencia, con problemas mentales y físicos, que caen en espirales de paranoia y autodestrucción que los llevan a perderse o a caer a lo más profundo.
Un director que no es para todos los gustos, pero es sin duda un creador de historias complejas y con mucha visión del alma y la mente humana.























